El cerebro se beneficia del bilingüismo

¿Habla otro idioma además de su lengua materna?. Si la respuesta es positiva significa que pertenece a la mayoría bilingüe o multilingüe de la humanidad. Esa circunstancia facilita, por ejemplo, la posibilidad de viajar, aumenta el nivel cultural, puede ver y escuchar películas en ese otro idioma que conoce sin necesidad de leer los subtítulos, leer libros o artículos sin necesidad de que se los traduzcan o escuchar emisoras de radio en ese o esos otros idiomas que conoce.

Estudios sobre el bilingüismo y su incidencia sobre el cerebro

Lo cierto es que en los últimos años se han realizado estudios y obtenido interesantes conclusiones sobre cómo trabaja el cerebro de los multilingües con respecto a los monolingües (estudio publicado en la revista “Neurology” por científicos británicos e indios). Los efectos se producen por igual en personas analfabetas o cuándo se conocen más de dos lenguas. “El bilingüismo –afirman- no sólo significa una gran riqueza cultural, sino también una ventaja para la salud pública”.

Otro reciente estudio de la Escuela de Psicología de la Universidad de Kent (Reino Unido) y publicado en la revista “Proceeding of the National Academy of Sciences” (PNAS) indica que hablar dos idiomas aporta el mismo efecto positivo que el bilingüismo con independencia de la edad a la que se aprenda el segundo idioma y el uso que se pueda realizar con ella. Para realizar el estudio se investigó a tres grupos: Bilingües, monolingües y no bilingües pero conocedores de un segundo idioma. Los que conocían un segundo idioma poseían una mayor eficacia en la transmisión de la información y del conocimiento, habilidades que no aparecían por igual en los que sólo hablaban un idioma. Esto demostraba que los beneficios de aprender un segundo idioma se producen incluso cuando se aprende en la edad adulta ya que produce “cambios estructurales en la materia blanca del cerebro”.

Diferencias en la edad para aprender idiomas

Los lenguajes (los idiomas) se miden en dos aspectos que se consideran activos: hablar y escribir (expresión oral y escrita) y otros dos pasivos: escuchar y escribir (comprensión oral y escrita). Juntos forman las cuatro competencias que hay que demostrar, por ejemplo, cuando se intenta superar un examen de conocimiento de idiomas para conseguir un certificado que lo acredite.

Se habla de bilingüe equilibrado cuando estas cuatro competencias están desarrolladas más o menos por igual en los dos idiomas que conoce. La mayoría de la gente que conoce y usa dos lenguas mantiene una proporción variable de estas cuatro competencias en cada idioma, es decir, puede que por falta de uso u otras razones muestre alguna deficiencia en la pronunciación, en el vocabulario, al escribir, etc. En esto también influye mucho la forma en la que aprendió el idioma además de la frecuencia de uso en cada competencia.

Bilingüísmo compuesto, bilingüísmo coordinado y bilingüísmo subordinado

Las personas que aprendieron el segundo idioma desde niños desarrollan los códigos lingüísticos de forma simultánea, son bilingües compuestos. Los conceptos se generan simultáneamente en su cerebro. Cuándo se aprende en la adolescencia, es decir, tras varios años de utilizar una única lengua, generalmente se produce el bilingüismo coordinado. Las dos lenguas se suelen mantener más o menos separadas. Cuándo se aprende de adulto suele producirse el llamado bilingüismo subordinado, esto significa que la segunda lengua la filtran a través de la primera. Primero piensan en la lengua materna y luego traducen a la aprendida.

En realidad los tres tipos pueden ser auténticos expertos en las dos lenguas pero, como se ha podido comprobar, el cerebro actúa de forma distinta en cada caso.

Diferencias en los hemisferios cerebrales con el bilingüismo

Los estudios realizados recientemente por neurólogos utilizan imágenes cerebrales que han demostrado cómo afecta el bilingüismo al cerebro. Probablemente ya sabe que el hemisferio cerebral izquierdo es dominante en los procesos analíticos y lógicos, mientras que el hemisferio derecho es más activo en los procesos emocionales y sociales. Observe que hemos dicho dominante o activo, pero eso no significa que sea así de forma absoluta o completa.

El lenguaje involucra ambos hemisferios ya que contiene elementos analíticos, lógicos, sociales y emocionales luego, de alguna forma, requiere de un uso muy completo de habilidades cerebrales. Al mismo tiempo parece quedar demostrado que la “lateralización” aumenta gradualmente con la edad.

Todo esto ha llevado al enunciado de la llamada “Hipótesis del Periodo Crítico” que viene a afirmar lo siguiente:

  • Los niños aprenden los lenguajes o idiomas con mayor facilidad por disponer de un cerebro más “plástico”, es decir, más adaptable y por ello utilizan los dos hemisferios cerebrales para adquirir los conocimientos necesarios.
  • En los adultos se ha producido una especialización de algún hemisferio y es posible que ciertas habilidades o competencias lingüísticas se hayan concentrado y lateralizado frecuentemente en el izquierdo.

Como consecuencia, aprender un lenguaje en la niñez podría aportar un conocimiento más integrado y completo ya que “se distribuye” por los dos hemisferios utilizando las habilidades dominantes propias de cada uno (analítico, lógico, emocional, social…).

Por el contrario las personas que lo aprenden en la edad adulta tienen menos tendencia emocional al idioma y más racional y lógica cuando se enfrentan, por ejemplo, a situaciones problemáticas.

Ventajas de aprender una segunda lengua

En cualquier caso el aprendizaje de una segunda lengua ofrece interesantes ventajas sociales, laborales pero también físicas ya que, incluso, se pueden visualizar en la materia gris del cerebro. Se observa mayor densidad de neuronas (las células cerebrales) y de conexiones sinápticas entre ellas. Todo ello conlleva un aumento de actividad en ciertas regiones cuando se utiliza esa segunda lengua.

La actividad del cerebro bilingüe, cuánto más prolongada sea en el tiempo, más incide en el retraso de enfermedades que podríamos estar destinados a padecer como el Alzheimer o la demencia, retrasando su aparición hasta en 5 años.

Curiosamente antes de la década de los 60 del siglo XX, ser bilingüe era considerado una desventaja capaz de retrasar el desarrollo de los niños haciéndoles consumir demasiada energía distinguiendo entre ambos idiomas. Sí se ha comprobado que algunos estudiantes bilingües se enfrentan, frecuentemente, a mayor tiempo de reacción ante los errores (se ha comprobado al realizar test multilingües), pero también ha quedado demostrado que el esfuerzo y la atención realizados en esta situación, disparaba más actividad cerebral y reforzaba la llamada “corteza prefrontal dorsolateral” que es una zona encargada de las funciones ejecutivas y resolución de problemas, cambio entre tareas, la concentración… y por lo tanto de dejar de lado la información irrelevante.

El entrenamiento mental que requiere adquirir las habilidades de una segunda lengua supone un ejercicio intenso para el cerebro. Es tan saludable para él como para el cuerpo físico ir a un gimnasio o practicar algún deporte con regularidad.  En el proceso activamos sonidos, pronunciación, palabras, conceptos, reglas, normas sociales de la segunda lengua.

Tendemos a cuidar más el cuerpo que la mente

Creo que ha llegado el momento de plantear una reflexión: ¿Por qué solemos pensar en una alimentación sana y el ejercicio físico para cuidarnos pero no en ejercitar el cerebro?. Solemos asumir que con la edad tendremos algunos “achaques” físicos pero nos da mucho miedo problemas como la demencia o el Alzheimer y eso lo saben bien los que tienen familiares en esas situaciones. Quizá deberíamos tender a un mejor equilibrio como el que le damos actualmente a la frase del poeta Juvenal “Mens sana y corpore sano“.

Conclusión

Podría decirse que el bilingüismo no nos hace más inteligentes pero va a conseguir que el cerebro se encuentre en un estado más saludable, su actividad sea más compleja y será más activo. Si no hemos aprendido una segunda lengua siendo niños no es tarde para hacerlo y hacernos un favor a nosotros mismos ya que el ejercicio del aprendizaje nos puede proyectar bastante lejos.

El aprendizaje de un segundo idioma va a aportar, por sí mismo, beneficios cerebrales durante el proceso y si, por diversos motivos, no tenemos opciones para utilizarlo con regularidad podríamos tratar de comunicarnos con personas de esa segunda lengua a través de redes sociales, series de televisión o películas, libros, artículos, publicaciones digitales, conversación a distancia (Skype o Hangouts de Google por ejemplo, que permiten imagen y sonido simultáneamente).

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