Cáncer

Si se detectan en las primeras fases de su desarrollo, muchas lesiones malignas son curables.

DIAGNÓSTICO

Dependiendo de la localización, las señales de alarma pueden ser las siguientes:

Un cambio en los hábitos intestinales o urinarios.

Úlceras que no cicatrizan.

Hemorragias o flujos anormales.

Aparición de bultos tanto en las mamas como en cualquier otro lugar del cuerpo.

Disfagia, es decir, trastornos en el proceso de deglución.

Cambio de aspecto evidente en una verruga o un lunar.

Tos o ronquera persistentes.

El proceso de diagnóstico puede incluir algunos estudios a través de radiografía, ecografía, tomografía axial computarizada (TAC) o escáner, o resonancia magnética nuclear (RMN), que evidencien con toda fiabilidad la existencia de masas tumorales.

Más adelante, para el estudio microscópico del tumor, será necesario realizar algunas biopsias o citologías. Las biopsias consisten en la extracción de pequeñas porciones del tejido tumoral para estudiarlo microscópicamente. Las citologías son los estudios de las células a través de las secreciones, como el esputo proveniente de los bronquios o el moco que produce el cuello uterino, para buscar específicamente células cancerosas.

TRATAMIENTO

En el tratamiento del cáncer la cirugía tiene como objetivo extirpar la totalidad del tumor. En la intervención se suelen extraer también los ganglios linfáticos de drenaje más próximos.

La radioterapia consiste en intentar destruir el cáncer mediante radiaciones, ya que éstas dañan el material genético de las células cancerosas, de tal modo que les impide dividirse y reproducirse. Este tratamiento no es doloroso, pero tiene numerosos efectos secundarios, como náuseas, vómitos y diarrea si la zona tratada es el abdomen, o la caída del cabello si se aplica en la cabeza. La radioterapia se utiliza para tratar algunos tumores que se encuentran bien localizados, que pueden curarse sin recurrir a la cirugía, o como complemento de ésta.

Si un cáncer está muy extendido y afecta distintos órganos se recurre a la quimioterapia para tratarlo. Mediante una asociación de varias sustancias se intenta provocar daños en el componente genético de las células neoplásicas.

El gran inconveniente de estos fármacos, que se denominan citotóxicos, es su capacidad para dañar todas las células que se están reproduciendo en el organismo, tanto las cancerígenas como las normales. Por consiguiente, las aplicaciones de quimioterapia deben espaciarse, para permitir el crecimiento de las células normales mientras se controla el de las defectuosas.

Los efectos secundarios iniciales y más frecuentes que produce la quimioterapia son la caída del cabello, las náuseas y la disminución de la producción del número de las células sanguíneas.

En algunos casos se administra cuando hay una tendencia a la recidiva, o reiteración de su aparición en el mismo lugar, como puede suceder en el caso de cáncer de mama.

La terapia hormonal constituye otro tratamiento. Las hormonas son «mensajeros bioquímicos» que circulan por la sangre para controlar el metabolismo de los tejidos. Si las células cancerosas se originan en órganos sensibles a los estímulos hormonales, como el útero, la próstata o los senos, éstos pueden seguir reconociendo y respondiendo al efecto de las hormonas. Si se administra una hormona inhibidora, que impide la división de las células, el cáncer dejará de crecer en esos tejidos.

La gran ventaja de esta terapia hormonal estriba en que no provoca efectos secundarios que sean desagradables.

En numerosos casos estas terapias se combinan o se alternan para tratar a los mismos enfermos, debido al desconocimiento que aún existe sobre la enfermedad.

TUMORES BENIGNOS

Como ya se ha mencionado, los tumores benignos no invaden nunca los tejidos vecinos, característica propia de los malignos. También a diferencia de éstos, crecen lentamente y pueden presentar un aspecto normal aun cuando se los examine con un microscopio.

Aunque no suponen un peligro en sí mismos, pueden llegar a constituir un riesgo considerable cuando se desarrollan en determinados órganos vitales, como el cerebro o el pulmón, porque ejercen presión sobre ellos. En estos casos, deben ser extirpados mediante procedimientos quirúrgicos para eliminar toda posibilidad de que tengan consecuencias más graves. De todas maneras, conviene siempre vigilar el desarrollo de un tumor benigno porque, según ciertas teorías, existen probabilidades, aunque escasas, de que el tumor se transforme en maligno.

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