¿Por qué es importante hacer una valoración neuropsicológica a nuestro hijo con TDAH?

¿Qué implica tener TDAH?

Es frecuente que cuando nos dicen por primera vez que nuestro hijo tiene Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) no somos conscientes de todo lo que este “diagnóstico” supone, tanto para nuestro hijo como para toda la familia. El TDAH forma parte de los conocidos como Trastornos del Neurodesarrollo (TND). Estos trastornos están relacionados con la maduración del cerebro, por tanto sus síntomas comienzan en la infancia y se van manifestando en las distintas etapas del crecimiento del niño. Esto hace que, cuando pensamos en nuestro hijo, lo primero que se nos viene a la cabeza es “él es así”, “siempre ha sido así”. Tendemos a pensar que su comportamiento forma parte de su identidad, concluyendo con esto que hace lo que hace porque quiere (“atiende cuando él quiere, cuando le interesa lo hace a la primera”), llegando incluso a pensar que por qué no es como su hermano… Debemos evitar caer en esto ya que con ello estamos otorgándole un poder de autocontrol a nuestro hijo que no posee. El niño con TDAH no puede evitar por sí solo el control de los síntomas propios del trastorno (despistes, olvidos, impulsividad, inquietud motora). Su manifestación clínica puede comprender todo un abanico de síntomas, desde aspectos comportamentales y/o emocionales hasta procesos cognitivos evidenciados en dificultades de aprendizaje de algún área concreta o en varias.

Que un niño tenga TDAH supone un mal funcionamiento de su lóbulo frontal, que se evidencia en síntomas nucleares (falta de concentración, inquietud motora, impulsividad), en la afectación en su funcionamiento ejecutivo (mala regulación del tiempo, olvido de las órdenes recibidas y comprendidas, falta de motivación, etc.) así como repercusiones y consecuencias ante estas dificultades de tipo específicas: bajo rendimiento escolar, problemas en las relaciones sociales, baja autoestima, problemas de conducta, entre otros.

¿Qué debemos hacer?

Las repercusiones del TDAH en la vida de nuestro hijo y de nuestra familia pueden resultar clínicamente significativas (nos agotan, nos preocupan, crean conflictos entre los padres, entre los hermanos, etc.). De ahí que resulte fundamental identificar estas dificultades y sus repercusiones para iniciar un abordaje multimodal individualizado y ajustado a las necesidades específicas de nuestro hijo y nuestra familia.

A nivel teórico sabemos que el TDAH, así como el resto de TND presentan unas características importantes a tener en cuenta:

  • los síntomas son características normales presentes en cualquier individuo, lo que varía es la intensidad y la frecuencia de esa conducta (de ahí que muchas veces nos digan que nuestro hijo “es mal educado”, “es un caprichoso”, etc.);
  • no existen marcadores biológicos como analíticas o placas que nos confirmaran nuestras sospechas;
  • los límites entre un trastorno y otro pueden ser imperceptibles, porque comparten zonas del cerebro como responsables causales;
  • la comorbilidad es la forma más habitual de presentarse, es decir que existe una alta probabilidad de que estos trastornos se presenten de manera conjunta (más de uno).

Por todo esto resulta fundamental valorar las dificultades de nuestro niño, para saber qué tiene y qué no tiene. Necesitamos saber cuáles son sus dificultades reales, además pueden existir problemas enmascarados y al mismo tiempo es importante conocer los puntos fuertes de nuestro hijo (en los que nos apoyaremos para compensar los débiles). Todo esto lo conoceremos por medio de la evaluación neuropsicológica y psicopedagógica.

¿En qué consiste?

La evaluación neuropsicología consiste en valorar las funciones cognitivas, conductuales y emocionales de nuestro hijo, que pueden estar alteradas como consecuencia de una afectación funcional o estructural del sistema nervioso central. La evaluación neuropsicológica consiste en un método diagnóstico que estudia el funcionamiento cerebral aportándonos información sobre el estado de las funciones cerebrales de nuestro niño en un momento puntual.

Debemos conocer:

  • el nivel madurativo global de su cerebro,
  • sus funciones cognitivas como el razonamiento verbal y no verbal,
  • el estado de los procesos atencionales y las funciones ejecutivas,
  • su nivel de lectura, escritura y cálculo,
  • un screening del estado emocional.

Estas funciones del cerebro son valoradas por medio de diversos tests diseñados para tal fin. La información obtenida se puede complementar, en caso de ser necesario, por estudios médicos como el electroencefalograma, la tomografía computada o la resonancia magnética según la decisión del médico especialista.

La evaluación psicopedagógica si bien evalúa las capacidades del niño/adolescente, su interés principal se centra en las competencias adquiridas y contenidos curriculares a fin de determinar la modalidad de educación más apropiada para él.

Lo ideal es la combinación de una evaluación neuropsicológica y psicopedagógica.

¿Cómo se realiza?

En el proceso de evaluación se realiza una recogida de datos a partir de entrevista clínica con los padres y el niño/adolescente, y mediante la aplicación de pruebas psicométricas estandarizadas y baremadas. Si bien al que se evalúa es al niño/adolescente, la familia y sus profesores deben participar aportando más información por medio de cuestionarios. Una vez obtenidos los datos, se analizan e integran en un informe donde se elaboran hipótesis diagnósticas explicativas así como recomendaciones terapéuticas, es decir, el tratamiento específico que nuestro hijo necesita.

¿Por qué es importante y necesaria?

Porque estos procesos psíquicos que pueden estar afectados por uno o más TND son necesarios y fundamentales para generar aprendizajes y poder progresar en el sistema educativo, es decir en el colegio. Es muy importante saber si existe un único trastorno de la infancia o más de uno de presentación asociada, que expliquen los síntomas de nuestro hijo.

Necesitamos conocerlo en profundidad para poder darle un tratamiento multimodal elaborado de forma individual a las necesidades de nuestro hijo y nuestra familia.

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