Las relaciones sanas entre hombres y mujeres son imprescindibles para un desarrollo humano completo. Todos las necesitamos, para estar completos y en paz.
Somos hombres y mujeres. Y la Vida nos ha dotado del instinto irresistible de atracción mutua: los hombres nos sentimos atraídos por las mujeres y las mujeres se sienten atraídas por los hombres. Así que todos creamos relaciones hombre-mujer o mujer-hombre.
La guerra de género
La sociedad en que vivimos nos ha enseñado que “la relación normal entre hombres y mujeres es la guerra”. Estamos acostumbrados a vivir en una auténtica guerra de género, donde los hombres y las mujeres estamos enfrentados y donde, para que uno (o una) gane, el otro (u otra) tiene que perder.
Como consecuencia de esta guerra, tanto los hombres como las mujeres hemos sufrido mucho. Este sufrimiento nos ha llenado de miedo y prejuicios hacia el otro (u otra), que nos invitan a alejarnos de él (o ella). Y nos ha dejado un poso de odio, que nos invita a continuar la guerra, en la que todos seguimos sufriendo.
Pero el impulso irresistible de atracción no desaparece. Así que nos vemos abocados a otra guerra, ineludible, esta vez dentro de nosotros mismos: queremos, al mismo tiempo, alejarnos o destruir al otro (u otra) y también acercarnos a él (o ella). Así que, con el otro (u otra) o sin él (o ella), dentro y fuera, sufrimos constantemente.
El fin de la guerra
La única salida de este sufrimiento es volver a la realidad y abandonar las locuras de nuestra sociedad. Y la realidad es que las relaciones entre hombres y mujeres son la base de nuestra naturaleza, pues sin ellas nuestra especie desaparecía. Y que esa atracción, que a veces tanto nos incomoda, es un mecanismo maravilloso, saludable y natural, que nos invita a acercarnos y a fundirnos: a asumir con alegría, placer y entrega la dependencia natural que nos une.
Cuando aceptamos esta dependencia y nos entregamos a ella, dando al otro lo mejor de nosotros mismos, abrimos la puerta a las relaciones sanas entre mujeres y hombres, que se caracterizan por ser relaciones de amor incondicional mutuo, donde por fin obtenemos del otro (u otra) todo lo que necesitamos de él (o ella) y podemos darle todo lo que tenemos para él (o ella).
Estas relaciones sanas entre mujeres y hombre son extremadamente valiosas y necesarias. Todos las necesitamos, nos lo reconozcamos o no, para sentirnos en paz con ese instinto irresistible y para, por fin, estar completos. Y estas relaciones maravillosas entre mujeres y hombres pueden tomar dos formas: pareja de enamorados y amigos del alma.

Pareja de enamorados
Cuando un hombre y una mujer encajan en todos los niveles (físico, emocional, mental y espiritual) puede que se den las condiciones para que conviertan en una pareja de enamorados.
La pareja de enamorados es la relación natural a través de la cual el hombre se entrega completamente a la mujer, haciéndola feliz y haciéndose feliz a sí mismo y desarrollándose así completamente. Y donde la mujer se entrega completamente al hombre, haciéndole feliz y haciéndose feliz a sí misma, desarrollándose así completamente.
Es la relación total para la que está diseñada la sexualidad, que permite expresar el amor del alma, disfrutando enormemente y, pudiendo derivar en el nacimiento de un nuevo ser humano.
Es la llave de la fusión total hombre/mujer; fusión a la que todos estamos llamados y en la cual nos completamos.
Amigos del alma
Cuando un hombre y una mujer encajan, pero en su relación no cabe la sexualidad, porque alguno de los dos tiene pareja o porque, simplemente, no hay una atracción sexual, se pueden dar las condiciones para construir una relación de amigos del alma.
Es una relación maravillosa entre un hombre y una mujer donde se pide, da y recibe todo (menos la sexualidad), desde el amor incondicional.
Nuestra sociedad, en su error, sólo valora las relaciones hombre-mujer en las que participa el sexo. Como en la relación de amigos del alma no interviene el sexo, apenas es valorada.
Sin embargo, la realidad es que todos necesitamos el amor de no una, sino muchas personas del otro sexo. Si la pareja de enamorados es fundamental para todos, también lo son las relaciones de amistad entre mujeres y hombres, basadas en el alma.
Conclusión
Cada persona, hombre o mujer, es único y, al mismo tiempo, es una expresión de lo que es ser hombre o lo que es ser mujer. Cada persona aporta algo único y maravilloso, que puede ayudarnos a comprender a las personas del otro sexo y a liberarnos de los prejuicios, el miedo y el odio.
Cada relación sana entre una mujer y un hombre cura profundamente nuestras heridas y nos permite abrirnos a la verdadera intimidad y entrega con el otro (u otra); alejándonos así del sufrimiento y acercándonos a la felicidad.
La actuación de cada uno, como hombre o mujer, es trasdendente. Cada relación hombre-mujer o mujer-hombre es fundamental. Está en nuestras manos hacer de ella una bendición de felicidad (en forma de enamorados o de amigos del alma) o un sacrificio al cruel implacable monstruo de la ancestral guerra de géneros.