¿Qué ocurre en nuestro cerebro cuando agredimos? Bases neurobiológicas de la agresión

El concepto de agresión es demasiado abstracto, no hay una definición universalmente aceptada, un acercamiento desde la perspectiva de Andreu, J. 2010, como se citó en Montoya, R, 2015, es “un constructo que hace referencia a un complejo proceso psicológico que, de forma directa o indirecta, tendría por objetivo producir un daño, físico o verbal, que pone en peligro, activa o pasivamente, la vida y la supervivencia de otro individuo”. La agresión es un tema serio debido a que implica muchas consecuencias tanto a la víctima como al agresor y a quienes los rodean, razón por la que su estudio es crucial para buscar alternativas de solución desde diferentes áreas, pues si bien sabemos que hay factores sociales que influyen a realizar esta conducta, también existen múltiples factores biológicos y psicológicos, los cuales actúan de manera integral, no olvidemos que somos seres biopsicosociales. Este articulo mencionará algunos de los factores neurobiológicos.

Tipos de agresión

La agresión reactiva es causada por una situación desagradable, es irracional por lo que, cuando se realiza, no se toman en cuenta las consecuencias que podría ocasionar dado a que su objetivo inmediato es dañar a quien lo provoca, está asociado al enojo y frustración.

Por otra parte, la agresión proactiva no necesariamente está acompañada de un estado emocional desagradable, este tipo de agresión tiene una planificación previa, aunque su objetivo puede ser el de dañar, también podría motivarlo el conseguir una recompensa, en este tipo de agresión si se están tomando en cuenta las consecuencias que el acto tendrá (Penado, et. al 2014).

Hormonas sexuales implicadas

La Testosterona ha sido investigada en modelos animales, se ha demostrado que su administración de manera exógena se relaciona con el umbral de la agresión, lo que sugiere que la actividad de esta hormona en niveles altos, propicia la conducta de agresividad si se presenta en receptores del hipotálamo, septum, amígdala y el núcleo dorsal del rafé (Llévano, D. 2013).

La actividad del Estrógeno se relaciona con la agresividad en mujeres por su concentración en el hipotálamo ventromedial, teniendo en cuenta que durante los ciclos hormonales femeninos hay liberación de grandes cantidades de esta hormona y también Progesterona.

Bases neurobiológicas de la agresión impulsiva

La actividad de la amígdala es regulada por la inhibición de la corteza prefrontal (CPF) por lo que, si una persona que presenta agresividad impulsiva, presentará mucha actividad en la zona amígdalar (claro, analizado con imagenología cerebral) y poca actividad en la CPF, lo que indica que si hay una lesión cerebral en la CPF (causada por un traumatismo, por ejemplo) el sujeto manifestará respuestas de agresividad con mayor frecuencia.

El hipocampo también se relaciona con la agresión, estimular o lesionar la región hipocampal posterior y sus conexiones con la médula espinal, implican provocar o inhibir esta conducta. Es importante recordar que el cerebro funciona mediante conexionares neurales (como un circuito eléctrico), por lo que, la disfunción de un componente implica alterar todo el circuito, como ocurre en las estructuras mencionadas y en el locus coeruleus, el núcleo solitario (que median las respuestas autónomas) y los centros de los nervios trigémino y facial (participan en el control de la apertura de la boca y las vocalizaciones).

El papel de la Amígdala

Dado a que transmite información a varias zonas corticales y subcorticales, la amígdala presenta un papel importante en el aprendizaje con valencia emocional, memoria, la conformación cognitiva afectiva, motora, representaciones simpáticas y respuestas a estímulos afectivos (Rosell & Siever, 2015), Estudios de resonancia magnética estándar y un protocolo psicométrico que incluye medidas de agresividad e impulsividad realizados por Gopal (et. al 2013), revelan que el volumen de la amígdala se relaciona con la actividad de con la impulsividad motora, la amígdala dorsal izquierda se asoció negativamente con la agresión. Cabe mencionar que los resultados se discuten en términos de un modelo de activación y control de las actividades cerebrales-conductuales. Además, se discute la relevancia potencial para el continuo de la hiperactivación la amígdala.

Se han desarrollado estudios de neuroimagen funcional generalmente en poblaciones de psicópatas en los que demustran niveles más bajos de actividad en la amígdala cuando ven imágenes que muestran violaciones morales e imágenes de miedo, también durante el condicionamiento aversivo y mientras ven imágenes de estímulos aversivos, así como en una tarea de recuerdo de palabras con contenido emocional frente a otras neutras que demuestran que los psicópatas no tienen ningún tipo de reacción a este tipo de imágenes y no muestran condicionamiento aversivo, por lo que los niveles bajos de actividad de la amígdala estarían en la base de la insensibilidad emocional de estos sujetos (Anderson & Kiehl, 2012, citado en Ortega & Alcázar, 2016).

El papel de la Corteza prefrontal

La corteza prefrontal se divide en 3 regiones: corteza orbitofrontal (COF), corteza cingulada anterior (CCA) y la corteza prefrontal ventromedial (CPFvm), Tanto la COF como la CCA están involucrados en la integración de procesos afectivos, sensoriales y cognitivos. Es importante destacar que la COF contiene una conexión especializada con la amígdala, a través de las masas intermedias de esta, que activaría centros del tronco del encéfalo y de la médula espinal implicados en la activación emocional y en el retorno a una situación emocional previa disminuyendo dicha activación. Este circuito permitiría explicar la excitación emocional (incremento de frecuencia respiratoria y cardiaca, etc.) en situaciones de comportamiento agresivo (Ortega & Alcázar, 2016).

Sorprendentemente, sólo un puñado de estudios han examinado diferencias en las estructuras de la COF y CCA en la agresión, Por ejemplo, el volumen más pequeño de materia gris izquierda de COF ha demostrado estar relacionado con mayores niveles de rasgo agresión. De manera similar, mayor volumen de la COF derecho/izquierdo las relaciones también se asociaron con una mayor agresión de rasgos en aquellos con un historial de enfermedad afectiva. (Boes et al, 2008; Ducharme et al, 2011, citado en Rosell & Siever 2015).

Con este breve análisis podemos afirmar que los distintos núcleos cerebrales vinculados con la expresión de conductas agresivas están organizados en circuitos interconectados. Las estructuras a las que nos hemos referido, tanto en el hipotálamo como en la amígdala, reciben señales de la corteza cerebral que pueden ser de naturaleza inhibidora o excitadora, según el tipo de neurotransmisores que manejen (Ortiz, A 2015).

Serotonina

5-hidroxitriptamina o serotonina (5-HT) es el neurotransmisor más relacionado con la agresión; entre menores niveles de 5-HT y mayor probabilidad de presentar conductas agresivas ha sido evidenciada al realizar análisis en líquido cefalorraquídeo (LCR) en individuos agresivos, encontrando menores concentraciones de metabolito para 5-HT, el ácido 5-hidroxidolacético (5-HIAA), lo que de acuerdo con las investigaciones sugiere que la actividad serotoninérgica estaría disminuida en regiones cercanas a los ventrículos cerebrales y el córtex prefrontal.

Las conductas agresivas ocurren todos los días de manera indiscriminada generando problemas difíciles de tratar, por lo que, el abordar la problemática desde distintas corrientes del conocimiento, nos podría acercar cada vez más a su entendimiento y a una respuesta oportuna.

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