Muchas veces nos preguntamos por qué no somos felices, y nos lo preguntamos precisamente cuando no tenemos o no conseguimos lo que queremos; hay una frase que dice: “La felicidad no consiste en tener lo que se quiere, sino en querer lo que se tiene”.
Es muy cierto que como seres humanos debemos tener ambiciones, aspiraciones, porque nuestra misión como tal, es la de crecer, autorrealizarnos, pero todo dentro de un límite, es decir, de acuerdo a nuestra capacidad; hay algo que debemos tener muy presente, invariablemente todos tenemos alcances y limitaciones, y con base a esto es como debemos plantearnos nuestro objetivos; desafortunadamente, algunas veces vamos más allá de nuestros alcances y es entonces cuando la frustración nos hace sentir infelices.
Hay una historia que narra: “Se cuenta que al crear al ser humano, Dios pensó entregarle la llave de la felicidad, pero como no quería que estuviera a su alcance fácilmente, decidió esconderla en un lugar muy especial, donde no se le ocurriera buscar, hasta donde debería llegar si quería ser feliz; este lugar fue dentro de sí mismo, pues ahí sería el último lugar donde la buscaría”. ¿A poco no es muy acertado?, está dentro de nosotros, todo radica en que sepamos encontrarle el lado bueno a nuestra existencia, en vez de pasarnos la vida lamentándonos por lo que no pudo ser, debemos invertir ese tiempo en encontrar formas creativas de disfrutar lo que tenemos; en lugar de encontrar manera de dañar a los demás por querer lo que no tenemos, si está a nuestro alcance, mejor invirtamos este tiempo en tratar de tener lo mismo, y si no, pues nuevamente concentrémonos en lo que ya tenemos. ¿Cuántas veces no hemos visto personas que se la pasan molestando a los demás, porque les afecta “su felicidad”?, son personas que ni viven ni dejan vivir, recordemos que solo se vive una vez, y en verdad que es un gran desperdicio, cuando la canalizamos negativamente.
La envidia es una palabra que al escucharla la relacionamos con maldad, pero si la analizamos nos daremos cuenta que depende como la manejemos; su definición nos indica “deseo por el bien ajeno”, pero el hecho de desear lo del otro, no forzosamente significa quitárselo, también muchas veces hemos oído decir “tengo envidia de la buena”, y a su vez, a quienes han dicho que no existe la buena, pero esto es precisamente porque no sabemos manejar nuestro sentimientos, porque si así lo hiciéramos, este sentimiento en vez de incitarnos a lastimar a terceros, puede motivarnos a mejorar, a trabajar para también tener lo que el otro tiene, como se puede ver, en vez de dañarnos, puede ayudarnos, porque “nos despierta”, a través de esto nos damos cuenta de que tenemos una necesidad que debemos satisfacer. Satisfacer nuestras necesidades nos provoca satisfacción.
¡La causa de mi desdicha!
Una de las mayores inconformidades en los seres humanos, principalmente en las mujeres, es su cuerpo, si se es flaco, malo, si se es gordo, también, pero este último es lo que más les preocupa, a veces, injustificadamente, porque no es que estén, sino que así se sienten, o les hacen sentir, y desgraciadamente las conduce a la anorexia o a la bulimia.

La clave para que vivamos bien, en este aspecto, es aceptar nuestro cuerpo, pero si queremos cambiar, ¡pues que bueno!, siempre y cuando sea para bien, dicho de otra manera, dentro de los limites de peso que debe tener cada quien, ya que caer en la exageración en vez de ayudar, perjudica la salud.
Ahora bien, refirámonos a las personas que realmente necesitan equilibrar su peso y quieren intentarlo. A muchas personas les he escuchado preguntarse: ¿Por qué no puedo bajar de peso?, la respuesta es muy sencilla y no se han dado cuenta o no quieren hacerlo, que es porque no se han disciplinado en su alimentación; para bajar de peso, dejar de comer no es la solución, sino, dieta balanceada, de preferencia recomendada por un especialista, y ejercicio principalmente, si esto no es posible, pues con bajarle al nivel de consumo de comida chatarra, ayuda un poco, pero precisamente a estas personas que les he escuchado lamentarse, también he podido observar que son adictas a las empanadas, tostadas, tacos dorados, chiles rellenos… ¡Pura grasa!, así, ¿Cómo van a bajar de peso?, ¡Ah! Y su refresco, y de ejercicio, nada, no hay tiempo; para ejercitarse no es imperativo acudir a un gimnasio, con caminar basta, pero también hay gente que no te camina ni un metro, si tiene carro hasta para ir a la tienda de la esquina va en él, en otras circunstancias he observado personas que toman un autobús y en dos o tres cuadras se bajan, ¿Por qué no caminan?, aunado a esto hay otra situación que también causa estrés y preocupa: El dinero no alcanza, ¿pero cómo va a alcanzarles si el uso que le dan no sólo es para satisfacer necesidades?, pudiendo caminar, gastan, ya sea en gasolina, o en el importe de un pasaje, y en cuanto a esos “antojitos” que mencionamos, por lo regular los consumen fuera de casa, ya sea que estudien o trabajen, y aunque no entren tan temprano a sus labores, a media mañana se van a “desayunar”.
Desayunar, comer o cenar fuera de casa de vez en cuando, pues está bien, sobretodo si es para convivir con la familia, o compartir una ocasión especial con los amigos, pero todos los días, no es conveniente, principalmente si no tenemos solvencia económica, pero como somos especialistas en buscar culpables, nos amargamos pensando que es causa de los precios altos, que día con día suben más, y no aceptamos que los únicos culpables somos nosotros al no administrarnos.
¡No me compares!
La mayoría de las veces, cuando se compara a una persona con otra, se molesta, principalmente si en el proceso sale perdiendo, es decir, si sus defectos son resaltados; algunas veces tiene razón, porque quien realiza la comparación lo que intenta es menospreciarla, pero otras veces no, lo que realmente pretende es “abrirle los ojos” para que mejore, para que se dé cuenta de las carencias que tiene y que puede cubrir. Independientemente de la intención que tenga el comparador, cuando nos sucede esto, lo más viable es que analicemos la situación y convirtamos lo malo en bueno, en otras palabras, si el propósito es destruirnos, que lo que logre sea nuestra construcción, porque gracias a ello pudimos superar nuestras deficiencias.
Los seres humanos tenemos alcances y limitaciones, cualidades y defectos, que muchas veces no percibimos, no sabemos cuales son, hasta que nos enfrentamos a la realidad, por ejemplo, un niño en una competencia informal de atletismo en su escuela, es la primera vez, llega a la meta al final, fue lento y además se cansó, lo que descubre es que para el atletismo no es bueno; el mismo niño en una competencia de ajedrez, ganó, lo que descubrió es que para esta actividad, tiene habilidad; el conocimiento de lo que es capaz y de lo que no, sólo lo logró… ¡comparándose! con otros niños, lo cual no significa que es superior o inferior, simplemente es diferente.

La comparación actúa como un espejo en el cual nos podemos reflejar, al igual que nuestro niño, sabremos lo que poseemos, cuando lo veamos en los demás. El compararnos nos sirve tanto para superar deficiencias, como para reafirmar lo que tenemos.
La comparación no siempre nos la debe hacer otra persona, también es conveniente que la hagamos nosotros mismos, su función es de autocrítica, pero claro, tratar de ser objetivos si lo que pretendemos es mejorar, porque si lo hacemos únicamente para realzar los aciertos, no cumple esta función, así como tampoco si lo hacemos sólo para lamentar nuestros errores, lo importante es que logremos un equilibrio, la mejor manera de lograrlo es analizar qué nos ha estorbado en la consecución de nuestros propósitos y qué nos ha ayudado en relación a otras personas, de esta manera el siguiente paso es trabajar sobre las deficiencias para superarlas, pero siempre conscientes de nuestras limitaciones, no es forzoso que igualemos a los demás.
El seguir un modelo no implica ser una réplica de él, porque lo único que lograríamos es ser su caricatura, sólo nos debe servir de referencia, ya que nadie es perfecto, pero sí perfectibles, por lo tanto, en lugar de sufrir pensando que nunca seremos como ellos, ocupémonos en hacer los ajustes pertinentes en sí mismos; otro requisito para que coadyuve en la mejoría es que se haga con personas que estén a nuestro nivel, si no, no será efectivo. Como puede verse el compararnos con los demás puede ser un camino para descubrir y trabajar en nuestras deficiencias y/o reforzar nuestras suficiencias, y por consiguiente, vivir tranquilos y felices, todo radica en la forma en que manejemos la comparación.
Conclusión
Nadie nos va a dar o quitar esa felicidad que tanto anhelamos, porque los únicos responsables de tenerla somos todos y cada uno de nosotros, todo depende en la manera en que percibamos a lo que nos rodea y logremos adecuarlo a nuestras necesidades, aceptando lo que no se puede cambiar y esforzándonos por mejorar lo que sí se puede.