Cuando uno decide tener hijos, pone toda su ilusión en ello. Comienza a imaginar como será su vida con una personita a su lado, el nombre que le va a poner, como será la decoración de su cuarto….. pero en ocasiones, uno se encuentra con que su sueño de ser madre/padre no llega nunca. Comienza entonces para la pareja un duro camino de desilusiones mes a mes, y de áridas pruebas médicas, en el que a uno le ponen la etiqueta de “infértil” (si no se ha conseguido la concepción después de un año de mantener relaciones sexuales sin protección) o “esteril” (imposibilidad absoluta de concebir). Todo ello, inevitablemente deja huella en la salud emocional de la pareja y de cada uno de sus miembros.

Entre las reacciones más frecuentes podemos resaltar:
- Estado de shock o incredulidad y negación, ya que para muchas parejas la infertilidad es una realidad difícil de aceptar.
- Culpa o culpabilización, de uno mismo, o del otro miembro de la pareja.
- Pérdida de control sobre la propia vida, dejando a un lado otros aspectos de la vida individual y de pareja para centrarse en el tratamiento.
- Aislamiento social, ya que es frecuente que la pareja busque aislarse como una manera de protegerse ante sentimientos como la rabia o la envidia ante otros familiares o amigos que no presentan el problema.
- Debilitamiento de la vida sexual de la pareja, disminuyendo la calidad y frecuencia de las relaciones sexuales.
En esos momentos, se hace especialmente importante una buena comunicación y apoyo emocional que ayude a la pareja a transitar este solitario camino. La forma en la que lo vivimos los hombres y las mujeres es distinta y no siempre se sabe como transmitirle a la otra persona como se está, lo que se necesita o simplemente el dolor que se siente, por lo que a veces se hace necesario contar con ayuda externa que acompañe a la pareja en el proceso de aceptación de la realidad y superación del dolor.