El cuerpo humano está constituido por una estructura ósea (huesos) los cuales están compuestos principalmente de calcio y fósforo. Estos están recubiertos por la carne compuesta de proteínas, por lo que estos tres minerales son de los más importantes y deben estar contemplados en la dieta diaria.
Las proteínas son sustancias orgánicas formadas por aminoácidos y sirven para formar tejidos, además favorecen la absorción de calcio en el intestino, aumenta la resistencia contra las infecciones, contribuyen a una buena cicatrización de úlceras y heridas, son muy benéficas para quien sufre de anemia además de acortar el tiempo de convalecencia de un enfermo.
En la actualidad muchos son los estudios realizados acerca de las proteínas tanto de origen animal como vegetal, lo cierto es que mientras los alópatas defienden que las de origen animal tienen mayor valor nutritivo los vegetarianos afirman que el organismo humano no está diseñado para el consumo de éstas y sostienen que las de origen vegetal pueden cubrir totalmente las necesidades nutrimentales que necesita nuestro organismo para su buen funcionamiento.
El requerimiento de proteínas dependerá de la edad, el estado fisiológico, la actividad que se desarrolle, etc. Mientras que un bebé prematuro necesita cinco gramos de proteína por cada kilo de peso, un bebé nacido a término, necesitará sólo dos gramos por cada kilogramo.

En los niños de entre uno y tres años su necesidad proteica es de 40 gramos por kilogramos de peso y va aumentando paulatinamente hasta los 70 gramos para cuando tienen entre nueve y 12 años de edad.
En la juventud, entre los 16 y 20 años las necesidades son de 75 gramos de proteínas diarias para las mujeres y de 100 en los hombres, aunque aumenta el requerimiento en las embarazadas y las que están lactando, por lo que deben consumir de 85 a 100 gramos al día para compensar el gasto que ocasiona el bebé en el vientre y posteriormente cuando lo amamantan.
En el adulto, como ya no crece sólo requiere de 55 a 65 gramos de proteína al día. En el adulto mayor, por reducir su actividad física ya no necesitará más de 40 gramos de proteína en su dieta diaria.
Entre los alimentos de origen animal que debemos consumir están los productos cárnicos (res, carnero, aves, mariscos), lácteos y sus derivados (quesos frescos, crema), huevo. Los de origen vegetal ricos en proteínas están la soya, frijol, garbanzo, lenteja, ajonjolí, semillas de algodón, nueces, almendras, cacahuates, entre otros.
El exceso en el consumo de proteínas de origen animal provoca aumento en la masa muscular dañando la constitución física, la mayoría desarrolla enfermedades cardiovasculares, además, favorece la acumulación de grasas en la sangre (colesterol).
Cuando hay carencia de alimentos proteicos en la dieta, el cuerpo humano tiene la capacidad de transformar los carbohidratos simples y algunas grasas en proteínas. Pero la deficiencia en el consumo de proteínas provoca falta de crecimiento y desarrollo en niños y jóvenes, cabello quebradizo, la piel se torna reseca, arrugada y escamosa, hay poca resistencia hacia las enfermedades, por mencionar algunas consecuencias.
En la actualidad el nutriólogo tiene gran cantidad de información que le permite desarrollar un equilibrio nutrimental más adecuado, lo cual le permite balancear, por porcentajes, los contenidos proteicos, así como de los demás minerales y enzimas para lograr una adecuada y sana alimentación en el individuo.