La brújula del feng shui

Con el QUI-AN-HAI el hombre genera relaciones profundas con todo en lo que determinado momento le rodea, para alcanzar equilibrio y bienestar.

Siempre resulta interesante comprender cómo en algunas escuelas de feng shui, en especial la de Lo-Pan (escuela del compás), es importante la distribución de las cosas en un espacio y orientarnos en él. Esto contribuye a que el pensamiento, obra y sentimiento del ser humano queden grabados en el lugar donde habitan como si fuesen una huella dactilar.

Aunque los esquemas esenciales del feng shui son fáciles de entender, se podría decir que es más importante el sentido común y la lógica espacial, que las artes de las buenas energías. Sin embargo no debe olvidarse que existen diversos elementos que al ser utilizados generan en nuestra mente una serie de posibilidades, que bien empleadas, nos producen un amplio bienestar en muchos sentidos. Un ejemplo de estos son los colores y sus usos, las texturas, los símbolos y los objetos que mantienen una permanente relación con quien entra en contacto con ellos.

Al igual que en el feng shui, el “Qui-An-Hai”, permite pensar en estilos de vida generadores de bienestar. Aunque esta práctica aparentemente utiliza elementos del feng shui, tiene un origen diferente y se basa especialmente en el proceso opuesto; mientras que el feng shui, tiende a crear ambientes propicios o energías adecuadas a través del uso de diferentes objetos, el Qui-An-Hai, logra estos beneficios eliminando al máximo el empleo de cosas. Elementos como espejos, los baguas, las flautas, etc., dejan en el Qui-An-Hai el espacio libre, es decir, un lugar concebido para generar relaciones profundas entre el hombre y lo que en ese momento lo rodea. Esta técnica nos hace familiarizar con el desapego, con lo simple.

Para poder aplicarla las siguientes recomendaciones son de gran utilidad:

TENER LO QUE SE NECESITA

Éste es el punto de partida para el manejo de los espacios armoniosos. No significa deshacernos de aquellos elementos que usamos con poca frecuencia, si no evaluar si realmente nos sirven o no. Es bueno recordar que todos los objetos tienen un valor práctico y estético que les da una razón de uso. No tengamos cosas para salir del paso, ni mucho menos para que estorben. Tratemos de tener pocos objetos que nos expresen de forma sencilla su utilidad, su belleza o simplemente su significado, sin complicar el oren en nuestros espacios.

CONOCER LO QUE SE TIENE

Por el uso que les damos y la manera como nos relacionamos con ellos, los objetos y los espacios que componen nuestro hábitat se convierten en creaciones propias aunque no lo sean. Cuando nosotros poseemos algo es muy importante conocer como es, de que se compone, cómo se comporta, qué nos brinda, qué nos exige, su historia y en general su vida. Cuando nos dejamos llevar por la idea de sentir lo que tenemos, valoramos de mejor manera nuestro entorno.

VIVIR LO QUE SE TIENE

Es primordial entender que cada persona, situación y objeto tienen un espacio y tiempo relativos; no siempre estará con nosotros aquello que nos agrada tener; cada momento que utilicemos para apreciar nos rodeamos.

DISFRUTAR LO QUE SE CONSTRUYE

Puede resultar más relevante el proceso que el resultado. Debe recordarse de algún modo aquello que le produce bienestar le ha reclamado un esfuerzo y, por ende, unos derechos y responsabilidades. En general todo tipo de afinidad, y más aún la relación con nuestro hábitat, necesita cambios constantes, de persistentes movimientos. Intervenga de forma directa y activa con su hábitat y haga de ello un gusto para su cotidianidad.

REVIVIR LO QUE SIRVA

Nuestro entorno tiene varias posibilidades de entenderse, de verse y de vivirse. Es primordial identificar qué vale la pena mantener, incluso si para ello es necesario hacer cambios. Los espacios son fácilmente adaptables a nuestro estado interno. Los sitios y los objetos deben tener el valor del aquí y del ahora, ser elementos del presente.

COLMAR CON LO MÍNIMO

Nunca se necesitan muchos objetos para que un ambiente o espacio se vea o se sienta completo. En este punto llegamos al concepto de lo minimalista que habita los espacios. Con pocas cosas se logran grandes sensaciones.

Deja un comentario