Ser madre es una experiencia más allá de las palabras. La mujer que decide embarcarse en la preciosa y compleja aventura de la maternidad descubre, emocionada, una faceta de sí misma hasta el momento desconocida. Comienza una relación con su hijo que durará toda la vida, una relación por la que ella está dispuesta a apostarlo todo. Y todo incluye, a veces, los proyectos profesionales previos al parto. Son muchas las mujeres que deciden abandonar sus carreras profesionales de manera temporal para poder dedicarse en cuerpo y alma a la crianza de sus hijos, dispuestas a no fallarles en sus primeros años de vida y plenamente convencidas de que es lo mejor. Cuando llega el momento en el que los hijos se incorporan a la escuela, la responsabilidad como madre cambia, y la mujer, que aún tiene mucha vida por delante, suele enfrentarse a otro gran reto: el de reinventarse.
Hoy en día no es fácil tomar la decisión de quedarse en casa cuidando de los hijos. Por un lado, tenemos el aspecto puramente económico, puesto que los ingresos se reducen considerablemente, mientras que los gastos se suelen incrementar también de manera considerable. Por otro lado, está la necesidad de independencia: la mujer de hoy valora muy positivamente la autonomía que le proporciona el poder contar con sus propios ingresos. Y no podemos obviar la falta de reconocimiento social: aunque se trata de una tarea dura, necesaria y extremadamente valiosa, nuestra sociedad parece valorar exclusivamente el trabajo remunerado. De hecho, algunas mujeres se sienten atrapadas o limitadas en el papel de ama de casa, mientras que otras se sienten plenamente realizadas. Y no se trata de que unas tengan la razón y otras no: se trata simplemente de una elección personal, derivada de las necesidades individuales de cada mujer. El cómo lo viva dependerá de si lo ha elegido porque realmente lo desea, o si lo hace porque cree que es lo que debe hacer.
«Nadie te puede hacer sentir inferior sin tu consentimiento”, Eleanor Roosevelt

¿Y qué pasa cuando los niños crecen y ya no necesitan a sus madres veinticuatro horas al día? La inmensa mayoría de las mujeres, algunas veces por elección y otras veces por necesidad, decide reincorporarse al mundo laboral. Y en ocasiones tal decisión puede comportarles ciertos conflictos emocionales. Por ejemplo, el sentimiento de culpabilidad: después de un tiempo encargándose de los niños y de la casa, sienten que al recuperar sus proyectos laborales están “abandonando” a su familia, y de ahí a considerarse una mala madre sólo hay un paso. Por otro lado, la mujer que vuelve a trabajar tras haber criado a sus hijos suele enfrentarse a una importante crisis de confianza: se encuentra con que las cosas han cambiado y siente que, en esa especie de carrera, ella se ha quedado atrás. No le resulta fácil volver a confiar en su capacidad para afrontar los retos del cambiante mundo laboral, y su nivel de autoestima se puede ver fácilmente dañado.
¿Te encuentras en esta situación? Entonces hay varios temas que te va a resultar muy útil tener en cuenta:
- Ten paciencia contigo misma y date tiempo: has estado temporalmente desconectada y tú, como cualquier ser humano, necesitas un periodo de adaptación tras la vuelta
- Confía en tus habilidades previas: aunque hayas estado alejada un tiempo, no has perdido tus habilidades; sólo están un poco oxidadas y eso tiene solución
- Acepta que eres capaz de hacer lo que te propongas: aunque ahora tienes más trabajo y más responsabilidades, sigues siendo totalmente capaz de lograr nuevas metas, si realmente te lo propones
- Pide ayuda si la necesitas: o acepta la que se te ofrece y hasta ahora no has aceptado; intentar hacerlo todo tú sólo te servirá para acabar frustrada y agotada, porque la supermujer no existe
- Concéntrate en tus necesidades: prescinde de las opiniones ajenas sobre lo que deberías hacer y lo que no, y permanece atenta a tus propias necesidades; sólo cuando tú estés bien podrás dar lo mejor de ti, dentro y fuera de casa
«No hay manera de ser una madre perfecta, hay un millón de maneras de ser una buena madre”, Jill Churchill
En definitiva, cuando decidas volver al trabajo, es importante que seas muy consciente de para qué lo haces: si lo haces para ayudar a tu familia, no hay lugar para la culpabilidad, puesto que lo haces para el bien común. Y si lo haces para sentirte mejor contigo misma, tampoco, porque tienes todo el derecho a realizar un trabajo que aporta satisfacción a tu vida. Tus hijos merecen la mejor versión de ti misma, ésa que brilla cuando te prestas atención y logras sentirte satisfecha de tu existencia.
Y tú, ¿te sientes culpable por reincorporarte a tu trabajo y “dejar” a tus hijos? ¿No estás segura de tus capacidades? ¿Eres consciente de que tú creas tu propia realidad?